domingo, 19 de noviembre de 2017

¿POR QUÉ LA VIDA NO PODRÍA SER UNA OBRA DE ARTE? LA ÚLTIMA ENTREVISTA A MICHEL FOUCAULT








Michel Foucault fue uno de los pensadores más importantes del siglo XX, tanto que sus investigaciones sobre el poder, la sexualidad, la disciplina, la verdad y el conocimiento aún son referencia en diversos ámbitos académicos: la historia, la filosofía, la sociología, la ciencia política y algunos más. Curiosamente, en cada uno la lectura que se hace de su obra difiere en un buen grado, pues mientras que para algunos Foucault diseccionó con detalle y maestría los mecanismos del poder, hay quienes miran sus conclusiones sólo como una elaboración casi literaria, bien documentada sin duda pero sin un buen sustento metodológico.
Sea como fuere, y aclarando que dicha reticencia obedece más bien a la perspectiva desde la cual se hace la lectura, una cualidad indudable de Foucault es que suscita la reflexión. Es, en este sentido, un provocateur, alguien que no nos deja impasibles y que más bien nos conduce al cuestionamiento de ideas que creemos fundamentales en la sociedad y que quizá no lo sean tanto.
El 25 de junio de 1984, con apenas 58 años de edad, Michel Foucault falleció en el hospital parisino de la Salpêtrière, no sin ironía el mismo que había estudiado como una pieza clave de su ensayo Locura y civilización (1960). Algunas semanas antes, sin embargo, Foucault ofreció una entrevista en Estados Unidos a dos estudiantes universitarios que, sin saberlo nadie, sería la última concedida por el filósofo. La conversación se publicó el el semanario francés Le Nouvel Observateur a inicios de junio y hacia finales de mes en el diario español El País, de donde retomamos estos fragmentos que ahora compartimos.
 ***
Pregunta. El primer volumen de su obra Historia de la sexualidad se publicó en 1976, ¿sigue usted pensando que el conocimiento de la sexualidad es imprescindible para comprender lo que somos?
Respuesta. Debo aclarar que me interesan mucho más los problemas relacionados con las técnicas del yo que el sexo... El sexo es aburrido.
P. Parece ser que a los griegos tampoco les interesaba el sexo.
R. Sí, así es. Consideraban que no era un problema importante. De hecho, le concedían una mayor importancia a la alimentación y a los regímenes. Creo que tiene un gran interés la observancia del movimiento extremadamente lento que va desde el momento en que se pone el énfasis en la alimentación --preocupación omnipresente en Grecia-- hasta aquel en que se presta atención a la sexualidad. La alimentación era mucho más importante que el sexo en los primeros tiempos del cristianismo. En las reglas monacales, el problema fundamental era la alimentación. Durante la Edad Media se produjo un lento desplazamiento. Finalmente, después del siglo XVII se impuso la sexualidad como problema esencial.
[…]
Al leer a Séneca, Plutarco y otros autores afines me pareció que se ocupaban de un gran número de problemas relacionados con el yo, la ética del yo, la tecnología del yo... A partir de ahí se me ocurrió escribir un libro compuesto por una serie de estudios independientes que se ocuparan de determinados aspectos de la antigua tecnología pagana del yo. […]
Lo que me llama la atención es que la ética griega se preocupaba más por la conducta moral del hombre, su ética y su relación consigo mismo y con los demás, que por los problemas religiosos. ¿Qué nos sucede después de la muerte? ¿Qué son los dioses? ¿Intervienen en nuestras vidas? Todas estas preguntas tenían muy poca importancia, ya que no estaban directamente relacionadas con la ética. Ésta, por su parte, no se hallaba vinculada con un sistema legal. Así, por ejemplo, las leyes contra la mala conducta sexual eran escasas y poco constrictivas. Lo que los griegos en realidad se proponían era construir una ética que fuese una estética de la existencia.
Me pregunto si nuestro problema hoy no es, en cierta forma, similar, ya que la mayoría de nosotros hemos dejado de creer que la ética esté sustentada por la religión, y nos oponemos a que un sistema legal intervenga en nuestra vida privada moral y personal. Los movimientos de liberación más recientes están perdiendo fuerza porque no consiguen encontrar un principio que pueda servir de base para la elaboración de una nueva ética. Necesitan una ética, pero la única que encuentran se halla sustentada por un supuesto conocimiento científico de lo que es el yo, el deseo, el inconsciente, etc. La similitud entre estos problemas y los que se planteaban los griegos es sorprendente.
P. ¿Cree usted que los griegos ofrecen una alternativa atrayente y plausible?
R. ¡De ninguna maneral Yo no busco una solución alternativa; no se puede resolver un problema imitando lo que hicieron otros hombres en otro tiempo. Mi intención no es reconstruir la historia de las soluciones, y éste es el motivo por el que rechazo la palabra alternativa; lo que me propongo es elaborar la genealogía de los problemas, de las problemáticas. Yo no creo que todas las soluciones sean malas, sino que todas encierran un peligro, lo que no es exactamente lo mismo. Si todas son peligrosas, tenemos siempre algo que hacer. Por consiguiente, mi postura no conduce a la apatía, sino a una militancia de la que no está excluido el pesimismo.
Pienso que la elección ético-política que debemos hacer cada día consiste en determinar cuál es el peligro principal.
P. Hay un aspecto de la cultura griega al que se refiere Aristóteles y que usted omite, a pesar de que parece muy importante: la amistad. En la literatura clásica, la amistad es la que permite el reconocimiento mutuo. Aunque tradicionalmente no ha sido considerada como la más alta de las virtudes, al leer a Aristóteles y a Cicerón se tiene la impresión de que se trata, en realidad, de la más importante de todas ellas. La amistad es, en efecto, desinteresada y duradera; no se compra con facilidad, no niega la utilidad y el placer del mundo y, sin embargo, busca algo más.
REl uso de los placeres se ocupa de la ética sexual. No es un libro sobre el amor, la amistad o la reciprocidad. No hay que olvidar que cuando Platón intenta integrar el amor de los jóvenes en la amistad se ve obligado a pasar por alto las relaciones sexuales. La amistad es recíproca, pero las relaciones sexuales no lo son: en ellas se es pasivo o activo, se es penetrado o se penetra. Estoy completamente de acuerdo con lo que dice usted acerca de la amistad, pero creo que ello confirma lo que señalábamos acerca de la ética sexual griega: si hay amistad, es difícil que existan relaciones sexuales. Una de las razones por las cuales los griegos tuvieron que elaborar una filosofía para justificar este tipo de amor es que no podían aceptar la reciprocidad física. […]
Lo que me interesa descubrir es lo siguiente: ¿Somos capaces de formular una ética de los actos y de su placer que tenga en cuenta el placer del otro? ¿Es posible integrar el placer del otro en nuestro propio placer sin que sea necesario referirse a una ley, al matrimonio o a cualquier otra obligación?
[…]
Cuando se lee a Sócrates, Séneca o Plinio, por ejemplo, se descubre que los griegos y los romanos no se hacían ninguna pregunta acerca de la vida futura, de lo que sucede después de la muerte o de la existencia de Dios. No consideraban que éste fuese un problema importante. Lo que les preocupaba era ante todo qué techné debía utilizar el hombre para vivir tan bien como debería. Creo, que se produjo una importante evolución en la cultura antigua cuando esta techné tou biou, este arte de la vida, se fue convirtiendo poco a poco en una techné del yo. Supongo que un ciudadano griego del siglo V o IV antes de Cristo debía pensar que esta techné consistía en no preocuparse por la ciudad ni por los compañeros. Para Séneca, en cambio, el problema consistía en preocuparse por uno mismo.
P. ¿Cuál era entonces la actitud de los griegos frente a la desviación?
R. De acuerdo con la ética de los griegos; lo que diferenciaba a las personas no era el hecho de que prefiriesen a las mujeres o a los muchachos o de que hicieran el amor de tal o cual forma. La diferencia fundamental residía en la cantidad, la actividad y la pasividad: ¿eres esclavo de tus deseos o eres su amo?
P. ¿Qué sucedía si una persona hacía tan a menudo el amor que su salud se resentía?
R. Eso es lo que los griegos llamaban hubris, exceso. El problema no estaba en la desviación, sino en el exceso o en la moderación.
P. ¿Qué hacían los griegos con esos individuos?
R. Los consideraban como personas de mala reputación.
P. ¿No intentaban curarlos, corregir su comportamiento?
R. Existían ejercicios cuyo fin era conseguir que la persona se hiciera dueña de sí misma. Según Epícteto, el hombre debía ser capaz de contemplar una bella mujer o un joven hermoso sin sentir ningún deseo por ella o por él. En este sentido, era necesario tener un dominio absoluto de uno mismo.
[…]
Me llama la atención el hecho de que en nuestra sociedad el arte se haya convertido en algo que atañe a los objetos y no a la vida ni a los individuos. El arte es una especialidad que está reservada a los expertos, a los artistas. ¿Por qué un hombre cualquiera no puede hacer de su vida una obra de arte? ¿Por qué una determinada lámpara o una casa pueden ser obras de arte y no puede serlo mi vida?




viernes, 17 de noviembre de 2017

"No te detengas", un hermosísimo poema de Walt Whitman


Walt Whitman fue un maestro de la lírica de verso libre y marcó con su estilo innumerables poetas de las generaciones que vinieron después. Un autor polémico y que siempre hizo gala de llevar una vida muy intensa, ya que fue poeta, enfermero voluntario, ensayista, periodista y humanista estadounidense.

Su obra es una de las más representativas de toda una época en Estados Unidos. Representa una transición entre el trascendentalismo y el realismo filosófico, puesto que Whitman incorporó a ambos estilos dentro de su prolíficas obras poéticas. Además de ser considerado uno de los escritores norteamericanos más influyentes, el poeta fue censurado y criticado duramente por la abierta sexualidad que desprendían los contenidos de su libro Hojas de hierba, que en su época llego a ser calificado como obsceno y hasta pornográfico por contener referencias explícitas a la homosexualidad o bisexualidad del escritor.


La poesía de Whitman tiene un espíritu vigoroso y agresivo, que utiliza a los elementos cotidianos como una expresión de lo eterno. Entre sus versos existen temas recurrentes como el hombre, el cuerpo, el sexo, la religión, los animales o la geografía. Una de las virtudes que más se destacan de sus letras es la constante actitud de euforia y alegría, emociones que traslucen sus poemas continuamente y que les dan de una vida y estilos peculiares.


El objetivo de Whitman era dar dignidad a todas las personas, algo totalmente insólito en su época y que marcaba su humanismo. Por esto se oponía firmemente a medidas como la pena de muerte y renegó de prácticas terribles como la esclavitud. Sin él, la poesía moderna no sería la misma, estaría huérfana y carente de vivacidad. Por eso compartimos "No te detengas", una bellísima obra para que conocer a este genio que aún hoy sigue conmoviendo a millones de corazones en todo el mundo, con un llamado a ver la belleza en todos los seres humanos.


No te detengas - Walt Whitman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.


No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.


No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.


Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.




Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.


Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.


No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.


La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.


"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.



Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.


Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.


Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.


Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".


No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Entrevista con Emily Mortimer, protagonista de “La librería”





Existen contados casos de películas que logran una conexión especial con el espectador, desatando cierta complicidad. Lo consigue Isabel Coixet con “La librería”, amable pero con cierto fondo ácido, en su crítica al acoso e incomprensión hacia el mundo de la cultura, sobre todo por parte del poder. 
Los resultados no habrían sido los mismos sin la presencia como protagonista de la experimentada Emily Mortimer. 
La que fuera asesina recluida en un psiquiátrico junto a Leonardo DiCaprio, en “Shutter Island”, y florista en “La invención de Hugo”, ambas del gran Martin Scorsese, compone con gran encanto a una mujer que lucha por lograr sus sueños.


¿Cree que esta película transmite, mediante un ritmo elegante, el amor por la lectura?
Así es, es cosa sobre todo de Isabel Coixet, que está obsesionada por los libros, ha leído mucho más que nadie que yo conozca. Pero a la vez, no presume de ello, transmite gran sabiduría pero con enorme sutilidad.
Pienso que La librería es un regalo a los amantes de los libros, quienes saben que éstos otorgan una enorme libertad intelectual. A diferencia del cine, experiencia social, leer se hace en solitario, en secreto, nadie sabe que se te han abierto las puertas de un mundo increíble. En la época que retrata el film, las mujeres no tenían libertad, así que la buscaban a través de los libros. Se habla de una persona firme, capaz de luchar por su gran pasión.

Cuando no está leyendo, y trabaja, ¿cómo dirige? ¿Qué la diferencia del gran Martin Scorsese?
emily Mortimer I Coixet Lisbeth Salas 2












Consigue lo mismo que Scorsese y otros de los más ilustres directores con los que he trabajado. Primero comunica muy bien, con pelos y señales, el universo en el que vive tu personaje. Una vez que lo has entendido todo, te deja total libertad, pues si lo has entendido, tus reacciones estarán dentro de los preámbulos que ella espera. Así que no tiene que ser quisquillosa, indicándote cosas cada día de rodaje.
Por otro lado, el gran secreto de Coixet reside en que te hace sentir que te hace caso. Puede que esto parezca una nimiedad, pero es como si tu novio o tu hijo está pendiente de ti, en ese caso tratas de sacar lo mejor de ti misma. Aquí ocurre igual.
Me sorprende porque lo tiene todo controlado. Se pone detrás de la cámara y sabe en todo momento lo que se está filmando.
Usted proviene del mundo de los libros, ya que su padre, Sir John Mortimer, fue un destacado autor, dramaturgo y guionista. ¿Se ha identificado con su personaje

Completamente, sobre todo porque se trata de una mujer contradictoria. En la superficie parece bastante tímida e introvertida, pero por dentro está llena de pasión, lo que le proporcionará la valentía necesaria a la hora de lograr sus objetivos.
También porque se trata de un personaje muy natural, más cercano que otros que he interpretado. En el fondo estamos hablando sobre el fracaso, algo que a cualquiera nos sucede todos los días, y que sin embargo no se cuenta muy a menudo en el cine.
¿Se ha inspirado en alguna persona real a la hora de componer a Florence Green?

Entrevista La libreriaSobre todo en escritores de la época. Cuando empezaba a trabajar en el personaje, recordé que sobre mi tocador tenía una fotografía de Sylvia Plath, que me venía al pelo, así que cogí muchos elementos suyos. Incluso voy peinada igual que ella en ese retrato al principio del film.
También he tomado como modelo a la autora de la novela que se adapta, Penelope Fitzgerald, porque pasó muchas dificultades para hacer realidad sus sueños. Tenía un marido alcohólico, así que para sacar adelante a sus hijos tuvo que trabajar duramente desempeñando todo tipo de tareas… ¡mientras su marido estaba en el bar! Al final consiguió triunfar como escritora, cuando ya tenía 60 años.
Por último, mi composición también tiene mucho de la propia Isabel Coixet. Pienso que ella se está retratando a sí misma, también parece tímida, pero tiene un interior de fuego.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Siempre me he refugiado en mi Montaigne, Thomas Bernhard








por calledelorco
Ya puedo decir lo que quiera, que me acusarán de decir verdades o de decir mentiras, y a menudo no les resulta claro si me están acusando de decir verdades o de decir mentiras, lo mismo que a mí, con mucha frecuencia, no me resulta claro si los acuso de decir mentiras o de decir verdades, porque en mi mecanismo de acusación, que se ha convertido ya en enfermedad acusatoria, no puedo distinguir ya mentiras y verdades en lo que a mí respecta. Si antes tenía un miedo mortal a coger un terrón de azúcar del azucarero del comedor, hoy tengo un miedo mortal a coger un libro de la biblioteca, y el mayor de los miedos mortales si se trata de uno filosófico, como ayer tarde. Siempre me ha gustado Montaigne más que ningún otro. Siempre me he refugiado en mi Montaigne cuando sentía un miedo mortal. Me he dejado dirigir y llevar, incluso conducir y seducir por Montaigne. Montaigne ha sido siempre mi salvador y libertador. Si en definitiva he desconfiado de todos los demás, de mi familia filosófica grande e infinita, que sólo puedo calificar de mi familia filosófica francesa grande e infinita, en la que siempre ha habido sólo algunos sobrinos y sobrinas alemanes e italianos, aunque todos, tengo que decir, muy tempranamente fallecidos, siempre he estado en buenas manos con Montaigne.
Nunca he tenido un padre y nunca una madre, pero he tenido siempre a mi Montaigne. Mis progenitores, los que nunca llamaré padre y madre, me rechazaron desde el primer momento, y saqué ya muy pronto consecuencias de ese rechazo, y corrí derecho a los brazos de mi Montaigne, ésa es la verdad. Montaigne, he pensado siempre, tiene una familia filosófica grande e infinita, pero nunca he querido a los miembros de esa familia filosófica más que a su jefe, mi Montaigne.
Thomas Bernhard
Montaigne, un relato




sábado, 21 de octubre de 2017

La sabiduría absoluta de Hegel



G. W. F. Hegel (1770-1831) fue el filósofo prusiano de mayor relevancia durante la primera mitad del siglo XIX. Se le considera el pensador sistemático e "idealista" por antonomasia, el campeón de la filosofía abstracta y la explicación racional del mundo, el líder del pensamiento puro y, junto a Leibniz, el "optimista" filosófico -"todo lo real es racional", argumentó-. Semejante talante le granjeó desde 1818, cuando accede a la cátedra de filosofía en la Universidad de Berlín, el título de "primer filósofo de Alemania".
Sus clases rebosaban de estudiantes, pero también de público: desde artesanos hasta magistrados acudían a escuchar sus monólogos susurrantes entonados con cerrado acento suabo; y se dejaban encandilar, ávidos de una sabiduría que hacía gala de explicarlo "todo" de forma "absoluta", y que aun pareciendo incomprensible, tampoco sería falsa, sino la más pura evidencia de lo escarpado de la pendiente que conduce al cielo del conocimiento.

Hegel, alumno en su juventud del seminario de Tubinga, fue un hombre campechano, esposo y padre satisfecho; cuando en 1811, siendo director de un instituto en Núremberg, se casó con una veinteañera, argumentó: "He alcanzado mi propósito en este mundo, pues con un cargo y una linda mujercita ya tiene uno lo necesario en este mundo". Era también un asiduo bebedor de cerveza, y para muchos de sus detractores -el más infatigable fue Schopenhauer, quien lo tachó de "soplagaitas"- también sus obras parecían delirios de borracho: inconmensurables cascadas de conceptos a los que después de vomitados se les busca sentido. Pero en nada empañaron su estrella estos maliciosos enemigos. Dejó notables herederos: una fructífera "escuela hegeliana" con sus "derechas" e "izquierdas", y vástagos entre los que despuntaría Karl Marx, así como otro antihegeliano convencido: Kierkegaard.
Su nombre suele asociarse el título de su obra más emblemática: Fenomenología del espíritu. La concluyó en 1806, en Jena -en cuya universidad impartía clases-, justo la tarde en que Napoleón entraba a caballo en la ciudad. El filósofo vio al jinete desde su ventana en el mismo instante en que ponía punto final a su voluminoso libro y exclamó alborozado: "He ahí la verdadera alma del mundo, la encarnación del espíritu absoluto". Y esa misma noche Hegel tuvo que salir huyendo de su casa con todos sus manuscritos, pues la soldadesca francesa, como preámbulo a la batalla del día siguiente contra los prusianos, se empeñó en saquear su morada de profesor sin sueldo fijo. Tales eran las paradojas de la realidad histórica en su acontecer, tema que ocupaba por entonces a Hegel, quien pretendía la sistematización conceptual de todo el ámbito del saber humano o, lo que era lo mismo, la explicación racional del devenir de la "conciencia" hasta que ésta alcanza su grado más alto, el espíritu absoluto. Hasta entonces tampoco a ningún filósofo le había preocupado pensar el devenir de la historia universal, y él comenzaba a explicarla como una trasposición del desarrollo de aquella misma conciencia humana sublimada, abstracta y general que avanza desde sus estadios infantiles de pura inconsciencia hasta alcanzar su "edad adulta", el punto máximo de la lucidez. Así, esta etapa final de plenitud se alcanzaría en la historia de la humanidad tras reconocer y asumir como necesarios determinados estadios históricos: las oscuridades del mundo primitivo y la Edad Media, la Ilustración, el escepticismo y la Revolución Francesa, que son insoslayables en el avance hacia la meta final que terminará concretándose en la existencia de un Estado perfecto en su moralidad y en la administración de la libertad, y que Hegel vio en el Estado prusiano de su época.
La Fenomenología fue concebida como una primera parte de lo que pretendía ser un "sistema entero de la ciencia", la sistematización de todo el saber humano, arte, moral, religión y política incluidas, y contenía intuiciones geniales, tales como aquélla de la "dialéctica" cual motor de la formación del espíritu, a la par que corazón del devenir histórico -"tesis, antítesis, síntesis"-; o el paso de la denominada "conciencia infeliz" a la "feliz", así como el símil del "amo y el esclavo", tan fructífero para el desarrollo de la filosofía marxista.
La edición que reseñamos marca un hito en castellano. Hasta ahora contábamos con la elegante traducción de Wenceslao Roces (1966); y también Xavier Zubiri tradujo una selección en 1935. Manuel Jiménez se esfuerza por desentrañar el retorcido lenguaje original, duro empeño que proporciona un resultado quizás demasiado "técnico"; y, en su afán de superar el más difícil todavía de la claridad, hincha el texto de epígrafes explicativos, de manera que el conjunto exige una lectura casi milimétrica, y termina por asemejarse a un furioso río alpino, de cuyos rápidos es imposible salir indemnes sin canoa ni remos, instrumentos que proporciona esta minuciosa traducción.

domingo, 8 de octubre de 2017

Le Pas philosophique de Roland Barthes

Le Pas philosophique de Roland Barthes
112 p.
12,17 €
ISBN : 978-2-86432-457-7
Parution : mars 2003
(collection d'origine : Philia)
« Jamais un philosophe ne fut mon guide ». Roland Barthes résumait ainsi l’une des caractéristiques majeures de sa propre vie. Il faut conclure : la pensée de Barthes ne fut pas philosophique.
Pourtant, il n’avait jamais cessé de se tourner vers la philosophie, lui empruntant quelques formes de langue : un certain usage de l’article défini, une transposition des adjectifs en substantifs, le recours aux majuscules. Or la langue engage tout chez Barthes. En autorisant la philosophie à marquer la langue de son sceau, il faisait un pas vers la philosophie. Ou plutôt dans la philosophie.
Ce pas philosophique le mena de Sartre à Platon, sans autre guide que lui-même. Dans la Caverne, pour en sortir sans rien perdre des qualités sensibles. Puis pour n’en pas sortir, ayant cru découvrir qu’on pouvait y demeurer, dans quelque lumière à la fois éblouissante et intégralement endogène ; il se réclama du Signe, en hommage à Saussure, qui fut pour lui porteur d’une révélation. Hors de la Caverne, enfin, dans la lumière immobile du chagrin, sous le regard de la mère disparue, mais pour redescendre aussitôt, selon la loi, librement consentie, de la Pitié.
Jouant des mille éclats d’un cristal de pensée, Roland Barthes écrivit à la fois un roman d’éducation et une phénoménologie de son propre esprit. Page à page, texte par texte. J’ai souhaité en restituer la trame et le parcours.
J

viernes, 6 de octubre de 2017

Masuji Ibuse Lluvia negra









Prólogo de: Jorge Volpi
Basada en documentos históricos sobre la devastación causada por la bomba atómica y en entrevistas y diarios de víctimas de la masacre,Lluvia negra es la novela japonesa que mejor se ha enfrentado a las consecuencias de la explosión atómica en Hiroshima.
El libro se centra en la historia de una joven, Yasuko, que se vio sorprendida por la «lluvia negra» radioactiva que cayó en los alrededores de Hiroshima. Las posibles consecuencias de su contacto con la radiación han dado lugar a un sinfín de habladurías entre los pretendientes de la joven: ¿estará enferma?, ¿podrá tener hijos? Su familia rememora aquellos días aciagos tratando de conjurar el peligro que la acecha.
Masuji Ibuse retrata con sensibilidad y con un esperanzado humor la compleja red de emociones que se establece entre unos supervivientes que siguen soportando las enfermedades y el dolor provocados por la explosión y que ignoran hasta qué punto su salud puede estar afectada. Lluvia negra es una de las mejores aproximaciones a la magnitud del sufrimiento humano causado por este hecho histórico y un clásico de la literatura japonesa del pasado siglo.

jueves, 5 de octubre de 2017

Oscar Wilde (El crítico como artista, 1891)








Goethe (no interprete usted mal lo que digo) fue un alemán muy especial. Amó a su país como nadie. Quería a sus conciudadanos y era su guía. Y, sin embargo, cuando la férrea planta de Napoleón pisoteó los viñedos y los campos de trigo, sus labios permanecieron silenciosos. “¿Cómo pueden escribirse cantos de odio sin odiar?”, decía él a Eckermann, “y ¿cómo podría yo odiar a una de las naciones más cultas de la Tierra a la que debo una parte tan grande de mi cultura?”. Esta nota que Goethe fue el primero en hacer resonar en el mundo será el punto de partida, espero yo, del internacionalismo futuro. La Crítica aniquilará los prejuicios raciales, insistiendo sobre la unidad del espíritu humano en la variedad de sus formas. Cuando sintamos la tentación de guerrear con otra nación nos recordaremos que eso significaría querer destruir un elemento de nuestra propia cultura, quizá el principal.








El escritor británico Kazuo Ishiguro, de 62 años , obtiene el galardón

domingo, 1 de octubre de 2017

“Necesito a Dante para mi salud espiritual”





El escritor, traductor y editor Alberto Manguel en Formentor este viernes.
El escritor, traductor y editor Alberto Manguel en Formentor este viernes. CATI CLADERA


Como Walter Benjamin, a Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) le precede la fama de su biblioteca, así que, inspirado por el pensador alemán, el escritor argentino-canadiense ha convertido el trance de almacenar su vasta colección de 35.000 volúmenes en una reflexión sobre la lectura, la acumulación y la memoria. Dando la vuelta al título de un célebre texto de Benjamin, Manguel ha escrito en inglés una suerte de autobiografía libresca llamada Mientras embalo mi biblioteca (Alianza, con traducción de Eduardo Hojman), a partir de la experiencia “traumática” de una mudanza.
El autor se vio obligado hace tres años a abandonar su casa, situada en el antiguo presbiterio de Mondion, pueblo cercano a Poitiers (Francia). Aquel fue el lugar en el que, tras mucho trotar por el mundo (Argentina, Italia, Reino Unido, Israel, Tahití, Canadá), pareció al fin posible echar raíces con sus libros… hasta que no tuvo más remedio que empaquetarlos con gran pesar para enviarlos al “depósito de su editora canadiense en Montreal”, donde aún permanecen en sus cajas.
“Solo me llevé conmigo una edición en tres volúmenes de la Divina Comedia; necesito a Dante para mi salud espiritual”, recordó Manguel ayer en los jardines del Hotel Formentor, en Mallorca, donde recibió anoche el premio Formentor de las Letras, dotado con 50.000 euros. Con un erudito discurso en el que se remontó a los orígenes de la escritura, inauguró la décima edición de las conversaciones literarias que cada septiembre se mantienen aquí. “Hay un texto de Borges, Las uñas, donde habla de cómo estas le siguen creciendo a un muerto”, continuó Manguel. “Es lo mismo con mi biblioteca, que debe de estar por los 40.000 volúmenes. Aún en su tumba, sigue creciendo”.
La sombra del autor de El Aleph, a quien trató como a un maestro en la adolescencia, se hizo inevitable. A ambos les unen muchas cosas más allá de la fama de enciclopédico lector. Como Borges hizo a partir de 1955, Manguel dirige desde hace un año la Biblioteca Nacional de Argentina, ofrecimiento que le llegó de la Administración Macri tras la mudanza. Perdió sus decenas de miles de libros, pero ganó los millones que atesora la institución en Buenos Aires.
Su nombramiento, precedido por el despido de 240 trabajadores, fue recibido airadamente por un sector. Hoy, afirma, los ánimos están más apaciguados. “Los partidarios del Gobierno anterior querían que la biblioteca siguiese siendo sectaria y de su signo, obviamente”, explica en una conversación con EL PAÍS y La Vanguardia. “Pero eso se calmó. La mayor parte se dio cuenta de que yo estaba ahí como administrador para hacer más eficaz la biblioteca. Desgraciadamente, en Argentina hay poco diálogo y mucho enfrentamiento sectario”.
El reflejo borgeano no se agota en lo laboral, el escritor también fue distinguido con el Formentor en su primera encarnación, cuando fue concedido en este mismo lugar entre 1961 y 1967 a autores como Beckett, Gombrowicz o Bellow. Tras la resurrección del premio en 2011, la lista se ha nutrido de nombres como Javier Marías, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo o Enrique Vila-Matas.
“No sé muy bien por qué me han dado este premio, yo no me lo daría, aunque estoy muy agradecido. Sería muy mal lector si dijera que me encuentro en la misma estantería que Borges”.
Y entonces, ¿a quién se lo concedería? “Norman Manea, Cees Nooteboom, Anne Carson, Margaret Atwood…” ¿Y qué escritores encuentra sobrevalorados? “Solo citaré muertos: Azorín, Lope de Vega, Galdós, salvo Misericordia y Fortunata y Jacinta. Y Bolaño. Tiene dos novelitas que están bien (Nocturno de Chile y Estrella distante), pero 2666 y Literatura nazi en América son obras escritas sin pensar; diarreas verbales. Hay una tendencia, sobre todo en América Latina, a escribir sin corregir”.
La banalidad de lo digital (“No creo en la literatura virtual como no creo en el sexo virtual”), el “uso perezoso del idioma” o la distorsión de la realidad que practica Trump también preocupan a Manguel. “Cuando opone a los hechos verdades alternativas hace algo muy distinto de lo que pretende la literatura, que brinda una visión múltiple. Trump niega el reportaje de los sentidos, y eso es lo peligroso”.
"Verdad", y no cualquier otra, fue anoche la última palabra de su discurso de aceptación del premio.

sábado, 23 de septiembre de 2017

“Necesito a Dante para mi salud espiritual”




El escritor, traductor y editor Alberto Manguel en Formentor este viernes.
El escritor, traductor y editor Alberto Manguel en Formentor este viernes. CATI CLADERA


Como Walter Benjamin, a Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) le precede la fama de su biblioteca, así que, inspirado por el pensador alemán, el escritor argentino-canadiense ha convertido el trance de almacenar su vasta colección de 35.000 volúmenes en una reflexión sobre la lectura, la acumulación y la memoria. Dando la vuelta al título de un célebre texto de Benjamin, Manguel ha escrito en inglés una suerte de autobiografía libresca llamada Mientras embalo mi biblioteca (Alianza, con traducción de Eduardo Hojman), a partir de la experiencia “traumática” de una mudanza.
El autor se vio obligado hace tres años a abandonar su casa, situada en el antiguo presbiterio de Mondion, pueblo cercano a Poitiers (Francia). Aquel fue el lugar en el que, tras mucho trotar por el mundo (Argentina, Italia, Reino Unido, Israel, Tahití, Canadá), pareció al fin posible echar raíces con sus libros… hasta que no tuvo más remedio que empaquetarlos con gran pesar para enviarlos al “depósito de su editora canadiense en Montreal”, donde aún permanecen en sus cajas.
“Solo me llevé conmigo una edición en tres volúmenes de la Divina Comedia; necesito a Dante para mi salud espiritual”, recordó Manguel ayer en los jardines del Hotel Formentor, en Mallorca, donde recibió anoche el premio Formentor de las Letras, dotado con 50.000 euros. Con un erudito discurso en el que se remontó a los orígenes de la escritura, inauguró la décima edición de las conversaciones literarias que cada septiembre se mantienen aquí. “Hay un texto de Borges, Las uñas, donde habla de cómo estas le siguen creciendo a un muerto”, continuó Manguel. “Es lo mismo con mi biblioteca, que debe de estar por los 40.000 volúmenes. Aún en su tumba, sigue creciendo”.
La sombra del autor de El Aleph, a quien trató como a un maestro en la adolescencia, se hizo inevitable. A ambos les unen muchas cosas más allá de la fama de enciclopédico lector. Como Borges hizo a partir de 1955, Manguel dirige desde hace un año la Biblioteca Nacional de Argentina, ofrecimiento que le llegó de la Administración Macri tras la mudanza. Perdió sus decenas de miles de libros, pero ganó los millones que atesora la institución en Buenos Aires.
Su nombramiento, precedido por el despido de 240 trabajadores, fue recibido airadamente por un sector. Hoy, afirma, los ánimos están más apaciguados. “Los partidarios del Gobierno anterior querían que la biblioteca siguiese siendo sectaria y de su signo, obviamente”, explica en una conversación con EL PAÍS y La Vanguardia. “Pero eso se calmó. La mayor parte se dio cuenta de que yo estaba ahí como administrador para hacer más eficaz la biblioteca. Desgraciadamente, en Argentina hay poco diálogo y mucho enfrentamiento sectario”.
El reflejo borgeano no se agota en lo laboral, el escritor también fue distinguido con el Formentor en su primera encarnación, cuando fue concedido en este mismo lugar entre 1961 y 1967 a autores como Beckett, Gombrowicz o Bellow. Tras la resurrección del premio en 2011, la lista se ha nutrido de nombres como Javier Marías, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo o Enrique Vila-Matas.
“No sé muy bien por qué me han dado este premio, yo no me lo daría, aunque estoy muy agradecido. Sería muy mal lector si dijera que me encuentro en la misma estantería que Borges”.
Y entonces, ¿a quién se lo concedería? “Norman Manea, Cees Nooteboom, Anne Carson, Margaret Atwood…” ¿Y qué escritores encuentra sobrevalorados? “Solo citaré muertos: Azorín, Lope de Vega, Galdós, salvo Misericordia y Fortunata y Jacinta. Y Bolaño. Tiene dos novelitas que están bien (Nocturno de Chile y Estrella distante), pero 2666 y Literatura nazi en América son obras escritas sin pensar; diarreas verbales. Hay una tendencia, sobre todo en América Latina, a escribir sin corregir”.
La banalidad de lo digital (“No creo en la literatura virtual como no creo en el sexo virtual”), el “uso perezoso del idioma” o la distorsión de la realidad que practica Trump también preocupan a Manguel. “Cuando opone a los hechos verdades alternativas hace algo muy distinto de lo que pretende la literatura, que brinda una visión múltiple. Trump niega el reportaje de los sentidos, y eso es lo peligroso”.
"Verdad", y no cualquier otra, fue anoche la última palabra de su discurso de aceptación del premio.