martes, 18 de abril de 2017

Reseña: Un vuelo de ángel: Domingo, el abuelo astral.


Un vuelo de ángel:
Domingo, el abuelo astral.
“El mar y yo tenemos ciertos secretos.” Milton(el cubano).
Aquél cúmulo de páginas se presentaba ante mí como secretos salidos del mar. Me sumergí en la lectura y descubrí que muchas de ellas también provenían del cielo y de la tierra. Se trataba de la quinta novela del escritor cubano Milton M. Martínez, la cual, según él mismo, surgió de un sueño. A la mañana siguiente se levantó con una preocupación y un nuevo libro por escribir.
Los acontecimientos se suceden en un caos organizado y mientras Leopoldo (personaje central) saca de su jaba(1) ají picante, café, espam en lata, hojas de tabaco, puré de manzanas de Rumania y otras cosas más, yo voy llenando la mía con las vivencias de personajes apasionados, inmersos en una cotidianidad que los empujaba a tomar nuevos caminos, equivocados tal vez, que se hacen con el transcurrir de cada día. Estos personajes quieren y desquieren, anhelan, sueñan y temen. Son tan reales que hacen el amor, bailan al son de Felipe Dulzaides y su combo y toman ron en un flamante hotel o en el quicio de una acera de cualquier calle.
Las acciones rozan, sin proponérselo el autor, las líneas paralelas de lo histórico y lo político dentro del marco de la enajenación humana. Lo humano y lo social se mueven a rienda suelta por espacios obligatorios y cercados dentro de la condición cubana. La dimensión espiritual se contrapone como una propuesta que alivia y desencadena nuevas opciones impensables en la circunstancia real. Un “a pesar de todo” lastimero, como sentencia y advertencia, introduce cada capítulo.
El vuelo por esas primeras páginas invitaba a seguir el recorrido por aquel sendero tan individual y escabroso. Cada parada era la posibilidad de contactar con ese mundo ricamente caribeño, plagado de luz y sol, de mar, de sexo, de ron, de amor, de suspenso e incertidumbre, a pesar de todo. El relato gira en torno a las aventuras y
desventuras de Leopoldo. Su vida es un sobresalto erótico, una constante búsqueda del yo y de la satisfacción de ese yo; no obstante, encuentra el tiempo para trabajar y estudiar como los demás habitantes de la isla. La audacia, su personalidad decidida y la intervención oportuna y permanente del abuelo (Domingo) lo salvan constantemente de situaciones que rayan, con suerte, en lo jocoso y, con menos fortuna, en lo trágico. La causa y el efecto no siempre explican el desarrollo, a veces atemporal,de los hechos.
Domingo, el abuelo astral, de 79 años de edad es un personaje afectuoso, sencillo, sabio y defensor de su patria. Como un ángel caído del cielo, nos lleva de la mano por la novela, con la absoluta seguridad de que somos “espíritus que estamos viviendo una experiencia material”. En cada viaje astral que realiza tiene una visión y una certeza, pero él sabe que la revelación no siempre cambia el destino, porque al final vivimos el ineludible destino que nosotros mismos construimos desde el presente. El abuelo renace de la muerte, condición indispensable para recuperar sus alas, y seguirá siendo el guardián de su nieto, a quien está unido por vivencias ancestrales tal vez, pero por otras más cercanas en tiempo y espacio: a ambos los abandonaron para el carajo.
Leopoldo quiere decirle al abuelo que tiene ganas “de probar suerte y salir de aquel caos aunque después se arrepintiera mil veces, aunque después se pasara la vida entera hablando de la miseria que había dejado atrás y tal vez añorándola, porque nadie sabe a dónde lo puede llevar a uno ese tipo de decisiones, nadie sabe coño; porque la miseria (espiritual) no se deja, siempre se va con uno”. Pero prefirió callar. . .Quizás, temía la consabida respuesta de Domingo: “Yo jamás abandonaría mi patria…” Pero el abuelo tenía una revelación más: “Te irás pero una parte tuya se quedará y sentirás que algo te falta y nunca sabrás qué es, porque eso que falta no pertenece a la materia sino al espíritu”.
Niurka, Olga, Belquis, Caridad,…, tejen una red de erotismo y sensualidad a través de la novela y todas fueron una vez del mismo hombre. Y a pesar de los amores
y los desamores, de los encuentros y de los desencuentros, el privilegio único e irrepetible del amor perfecto emerge. La pareja escogida tendrá que enfrentar el fragor del conflicto existencial, el cual, como mar embravecido, pondrá a prueba la humanidad de dos seres cuya primera certidumbre es el amor y su segunda, es la de que sus vidas penden de un acto sobrenatural e incomprensible.
Y el final nos agarra desprevenidos: con los pulmones llenos de agua volvemos a la popa de una embarcación que ahora yace en el fondo del mar. En un vuelo de ángel arribamos a la arena de una playa que nos introduce en otros mundos, otros tiempos, otra luz, otra dimensión y un hombre solo con una promesa en los labios. El milagro final tiene lugar. Milagro único, privado, que se repite a través de los siglos, del que no puedo agregar nada, porque esto conforma una vivencia íntima e individual de cada lector.
Este relato está envuelto en un ambiente que denomino de humor y sarcasmo, aunque el autor prefiere hablar de “choteo”(2) o de “jodedera-ficción”(3). Finalmente será usted quien establezca lo que se plantea en estas líneas llenas de expresiones que hablan de una cultura, de un gentilicio, de una manera de ver y sentir la vida.
La dualidad es una constante en esta novela: la vida o la muerte, la razón o el corazón, la alucinación o la realidad, la ficción o la verdad, lo material o lo inmaterial, el irse o el quedarse y siempre la duda y la incertidumbre o tal vez, “a pesar de todo”, un final del cual nadie puede escapar.
El espacio geográfico, donde tienen lugar los acontecimientos, es un pedazo de tierra que flota en el Atlántico, entre el golfo de Méjico y el prodigioso Mar Caribe. Un pedazo de tierra que se llama Cuba, un pedazo de tierra que, según el autor “muere y renace con cada naufragio”.
María Moreno.
(1 )Bolsa de guano o de tela con agarraderas que sirve para transportar comestibles y miserias.
(2)Capacidad que tienen los seres encarnados (y en especial los cubanos) de reírse de su propio infortunio.
(3)Género novelístico creado por el autor en el que la mayoría de los personajes trabajan con un fin único: reírse y defecarse en todas las leyes y regulaciones que crean los “afortunados” para oprimir y mantener en silencio a los “desafortunados”. Generalmente hay más de un personaje central, porque las cosas, tanto en lo material como en lo espiritual, no se pueden hacer individualmente. Aparecen en la novela el autor y el meta-autor y hay además de un narrador, un meta-narrador. En este caótico orden narrativo el tiempo es sólo una excusa, como también lo es el espacio que existe única y exclusivamente para poner un poco de orden en esta jodedera.

viernes, 14 de abril de 2017

La luz sí basta REBECA YANKE



El viernes hubo una manifestación frente al Congreso de miles de hologramas y, desde entonces, los titulares me dejan estupefacta. Miles de hologramas se manifiestan. Una manifestación de hologramas. Lo último en manifestaciones contra la Ley Mordaza. Luego te acuerdas de Rajoy con su pantalla de plasma y te sientes fatal tras tanta metáfora.
Hay dos tendencias de las últimas décadas que aún no he entendido bien, la del Tamagotchi y la de necesitar una pantalla de plasma en el salón de casa. Grande y muy plana, una señora pantalla. Se acabaron los televisores con culo, los ordenadores igual, porque ahora vivimos deslizando las cosas con el dedo, apartando lo que no interesa con un gesto nuevo. Se levanta, se toca ligeramente la pantalla y se desecha con indiferencia. Fuera. Los quince minutos de Warhol ahora son una intermitencia de segundos, un continuo sentirse Luis XVI. Un reinado entrecortado por la vida, eso sí. Esas minucias.
No soy yo de desdeñar la técnica. Y no es que todos los periódicos sean sensacionalistas, es que en el mundo pasan cosas sensacionales. Pero quizá, a fuerza de representar, hacer metáforas, crear listas, comparar e incluso estructurar la vida de forma compartimentada, hemos terminado no ya por no ver la realidad sino por mezclar varias. Un desastre. 
En Una historia del mundo en diez capítulos y medio Julian Barnes llamaba a esto «la catástrofe del arte». Vemos las noticias, reconocemos el drama, decidimos esperar a que hagan la película y nos vamos a la cama. Rajoy recibe desde el plasma, Snowden concede entrevistas virtuales - sentado en taburete- desde una embajada en Londres y para mostrar el ya no tan distópico escenario de una manifestación que sale a ojo de la cara hay que usar hologramas. Por lo menos hay luz, en todo esto, pienso en un primer momento. Pero como todo me lo llevo a lo poético me acuerdo de José Ángel Valente y de que «la luz no basta» y ya puedo, prácticamente, exigir la retirada de la metáfora. De todas las metáforas. Lejos, les digo, con mi dedo Luis XVI.
Un mes después de que el Gobierno decidiera poner en marcha el proyecto de Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana ya hubo un colectivo artístico -ahora hay que llamarlo activista- que salió a las calles con «200 envases de pollos asados, papel de celofán de colores y leds intermitentes» para decir que «estaban enfadados» por este proyecto que, si nada cambia, entrará en vigor el próximo julio. Aquel agosto de 2014 Luzinterruptus intervino «30 coches, algunos con permiso de los dueños» y colocaron «siete envases sobre el techo de cada vehículo, imitando en forma y color las luces de los coches de la Policía Nacional».
A ellos la luz sí les basta, y también saben que no hay otra vida que la entrecortada. Qué alegría que haya quien no espere un año para protestar, que salga al día siguiente a decir que algo no le parece. Lo hacen habitualmente. Con palitos de led verde hicieron hierba para quejarse del ruido lumínico de los neones, para protestar en contra de la reforma de ley del aborto -que se decide hoy- «pensando en cómo los derechos de la mujer están siendo pisoteados» se echaron a las calles «cargados de muñecas de plástico a medio inflar» -léase hinchables- a las que pusieron «luz y sellaron la boca». Todo hecho social con el que el colectivo Luzinterruptus no esté de acuerdo encuentra su revés lumínico, es decir, capaz, en este grupo de activistas de la luz. Lo explicaba bien Ángel González: nos amamos de dos en dos para odiar de mil en mil; hologramas, claro.




martes, 11 de abril de 2017

La Escalera de Jacob


La Escalera de Jacob, que toma su nombre de un bellísimo  pasaje del Génesis, el primer libro de la Biblia, es un teatro madrileño con la vitalidad de Sansón y Dalila que tiene su  sede en la calle de Lavapiés. La programación para adultos del mes de abril anuncia nada menos que 18 espectáculos teatrales  y la programación infantil, algo más moderada que la de adultos, anuncia  nueve espectáculos con títulos como Supermagia, Magia por un tubo La pócima del buen comer, que, según canta el programa,   enseña a los niños a alimentarse de una manera muy divertida. Es fantástico que a los niños  se les enseñe a comer, al menos, en el teatro porque, como es sabido, el currículo escolar  no incluye en los colegios ni la disciplina de la alimentación, que enseña a comer,  ni la disciplina del teatro, que enseña a las personas a comunicarse. Y, como el equipo que dirige La escalera de Jacob está integrado por gente hiperactiva, a esta selva de espectáculos ha sumado una programación especial para la Semana Santa que se puede consultar en la página web www.laescaleradejacob.es.
El viernes pasado, y con el recuerdo todavía fresco de la reciente celebración madrileña de La Noche de los Teatros,   asistí a la última representación de Fronterizos, una magnífica comedia de la autora argentina Josefina Ayllón. El primer deber de un autor es elegir un buen tema. Y Josefina Ayllón ha elegido un tema digno de Shakespeare: el tema de las fronteras políticas y de las fronteras que el egoísmo y el odio de los chimpancés humanos estamos levantando a todas horas del día. En la familia, en el trabajo, en nuestra vida social todos marcamos nuestro territorio levantando fronteras  de las que solo las personas distraídas no se enteran.
La mayor tragedia desde el final de la Segunda Guerra Mundial la vivimos a diario en la catástrofe que sufren tantos millones de personas que cruzan fronteras huyendo de sus países de origen. El texto original de Fronterizos de Josefina Ayllón  situaba la acción de la obra en la frontera entre Argentina y Chile.  Pero aquella frontera puede ser la de cualquier territorio. En la obra representada en La Escalera de Jacob su  excelente director, Kelvin Herrera,  ha  situado la frontera de la obra original  entre España y Marruecos. Entre los dos países,   tenemos una frontera muy peculiar marcada por las aguas del Estrecho de Gibraltar y por la frontera hispanomarroquí, con verja incluida,  de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla.
La comedia se construye siempre sobre una tragedia que el dramaturgo contempla desde la distancia. En Fronterizos dos personajes, Soldado e Inocencio, dialogan separados por una línea  trazada en el escenario. Inocencio quiere cruzar la frontera de España pero se topa con Soldado, que hace guardia para impedir                                                                    su paso. A partir de la prohibición de cruzar la frontera                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 que Soldado le transmite a Inocencio, se inicia un diálogo delirante entre los dos personajes. Ese diálogo  pone en evidencia desde el absurdo de la división de los territorios entre países  al absurdo de tantas convenciones humanas que nos impiden tratarnos con una mayor humanidad. Los cómicos diálogos de Fronterizos se inscriben en esa fantástica corriente de teatro del absurdo que en Europa se inició con la obra teatral Tres sombreros de copa (1952), del gran Miguel Mihura, y que tuvo espléndidos cultivadores posteriores en Ionesco y  Beckett y una legión de seguidores en varios países. Sin olvidar que, antes de Mihura, representó su soberbio teatro cómico  Enrique Jardiel Poncela, del que es deudor Mihura.
Los excelentes actores Airel Muñoz (Soldado) y Daniel Marchesi (Inocencio) son dos jóvenes, de 20 años, estudiantes del prestigioso Laboratorio de Teatro William Layton.
El público rio,  sonrió y aplaudió con bríos a una obra y unos actores de esos que, como bien se dice, crean afición. Fronterizos, por su excelente humor, genera el deseo de volver muy pronto al teatro. Además, la última representación coincidió con el anuncio de la reducción del IVA para el teatro del 21% a un 10%  más soportable para el espectador. Ahora hay que luchar por una reducción del IVA al  4%, que es el IVA con el que está gravado el pan y, por cierto, también el cine porno, que, según el Gobierno de la nación,  para los ciudadanos  es un producto de tan primera necesidad como las chapatas de centeno.

Lettre de Fernando Pessoa à Mário de Sá-Carneiro

14 mars 1916



14 mars 1916
Je vous écris aujourd’hui, poussé par un besoin sentimental — un désir aigu et douloureux de vous parler. Comme on peut le déduire facilement, je n’ai rien à vous dire. Seulement ceci — que je me trouve aujourd’hui au fond d’une dépression sans fond. L’absurdité de l’expression parlera pour moi.
Je suis dans un de ces jours où je n’ai jamais eu d’avenir. Il n’y a qu’un présent immobile, encerclé d’un mur d’angoisse. La rive d’en face du fleuve n’est jamais, puisqu’elle se trouve en face, la rive de ce côté-ci ; c’est là toute la raison de mes souffrances. Il est des bateaux qui aborderont à bien des ports, mais aucun n’abordera à celui où la vie cesse de faire souffrir, et il n’est pas de quai où l’on puisse oublier. Tout cela s’est passé voici bien longtemps, mais ma tristesse est plus ancienne encore.
En ces jours de l’âme comme celui que je vis aujourd’hui, je sens, avec toute la conscience de mon corps, combien je suis l’enfant douloureux malmené par la vie. On m’a mis dans un coin, d’où j’entends les autres jouer. Je sens dans mes mains le jouet cassé qu’on m’a donné, ironiquement, un jouet de fer-blanc. Aujourd’hui 14 mars, à neuf heures dix du soir, voilà toute la saveur de ma vie.
Dans le jardin que j’aperçois, par les fenêtres silencieuses de mon incarcération, on a lancé toutes les balançoires par-dessus les branches, d’où elles pendent maintenant ; elles sont enroulées tout là-haut ; ainsi l’idée d’une fuite imaginaire ne peut même pas s’aider des balançoires, pour me faire passer le temps.
Tel est plus ou moins, mais sans style, mon état d’âme en ce moment. Je suis comme La Veilleuse du Marin, les yeux me brûlent d’avoir pensé à pleurer. La vie me fait mal à petit bruit, à petites gorgées, par les interstices. Tout cela est imprimé en caractères tout petits, dans un livre dont la brochure se défait déjà.
Si ce n’était à vous, mon ami, que j’écris en ce moment, il me faudrait jurer que cette lettre est sincère, et que toutes ces choses, reliées historiquement entre elles, sont sorties spontanément de ce que je me sens vivre. Mais vous sentirez bien que cette tragédie irreprésentable est d’une réalité à couper au couteau — toute pleine d’ici et de maintenant, et qu’elle se passe dans mon âme comme le vert monte dans les feuilles.
Voilà pourquoi le Prince ne régna point. Cette phrase est totalement absurde. Mais je sens en ce moment que les phrases absurdes donnent une intense envie de pleurer.
Il se peut fort bien, si je ne mets pas demain cette lettre au courrier, que je la relise et que je m’attarde à la recopier à la machine pour inclure certains de ses traits et de ses expressions dans mon Livre de l’intranquillité. Mais cela n’enlèvera rien à la sincérité avec laquelle je l’écris, ni à la douloureuse inévitabilité avec laquelle je la ressens.
Voilà donc les dernières nouvelles. Il y a aussi l’état de guerre avec l’Allemagne, mais, déjà bien avant cela, la douleur faisait souffrir. De l’autre côté de la vie, ce doit être la légende d’une caricature quelconque.
Cela n’est pas vraiment la folie, mais la folie doit procurer un abandon à cela même dont on souffre, un plaisir, astucieusement savouré, des cahots de l’âme — peu différents de ceux que j’éprouve maintenant.
Sentir — de quelle couleur cela peut-il être ?
Je vous serre contre moi mille et mille fois, vôtre, toujours vôtre.
Fernando PESSOA
P.S. J’ai écrit cette lettre d’un seul jet. En la relisant, je vois que, décidément, je la recopierai demain, avant de vous l’envoyer. J’ai bien rarement décrit aussi complètement mon psychisme, avec toutes ses facettes affectives et intellectuelles, avec toute son hystéroneurasthénie fondamentale, avec tous ces carrefours et intersections dans la conscience de soi-même qui sont sa caractéristique si marquante…
Vous trouvez que j’ai raison, n’est-ce pas ?






lunes, 10 de abril de 2017

Elizabeth Bishop, la poeta que nos enseñó a perder

Elizabeth Bishop
Elisabeth Bishop, fotografiada a los 43 años en la hacienda Samambaia. 

AEN 1951, A la edad de 40 años, la poeta norteamericana Elizabeth Bishop parte desde Nueva York en un carguero con el deseo de dar la vuelta al mundo. No es una simple turista en busca de placeres e inspiración. Al expatriarse, anhela soltar lastre, zafarse de un pesado fardo lleno de episodios de depresión y alcoholismo, alternados con fuertes ataques de asma y brotes de eccemas, que amenaza con truncar su carrera como escritora. La competitiva escena literaria neoyorquina, sumada a la soledad que allí la invade, choca con su extremada timidez y fragilidad emocional marcadas por la ausencia de un padre que, muerto prematuramente, no alcanzó a presenciar su primer cumpleaños y de una madre que, hundida por el dolor, no tardó en ser internada en un manicomio y desaparecer por completo de su vida.

A partir de entonces, Elizabeth se quedará a veces a cargo de la familia paterna y otras de la materna, sin llegar a encontrar el calor de un verdadero hogar. De hecho, cuando vive con las hermanas de su madre, su “sádico” tío la somete a unos abusos que solo confesará décadas más tarde a su psiquiatra, como se desvela en A Miracle for Breakfast, la reciente biografía de Megan Marshall. No es de extrañar que, en una entrevista a The Paris Review, Bishop confesara que de niña se sentía como una invitada. “Creo que siempre me he sentido así”, decía. Marshall, aspirante a joven poeta y exalumna suya en Harvard en 1976, cuenta por correo electrónico que Bishop “no creía que se pueda enseñar a escribir y decía que los poemas, en su caso, empezaban como un misterio y una sorpresa y que los llevaba a término a base de gran esfuerzo y arduo trabajo”.
El buque SS Bowplate, cuyo destino era Tierra de Fuego, hace su primera escala en el puerto brasileño de Santos, y la escritora la aprovecha para visitar en Río de Janeiro a una compatriota y a su pareja, Maria Carlota Costallat de Macedo Soares, con quienes había coincidido cuatro años antes en Manhattan. El viaje toma entonces una dirección imprevista: obligada a guardar cama durante semanas por una intoxicación virulenta, acabará por quedarse más de quince años en Brasil. Su anfitriona, a quien todos llaman Lota, había nacido en París y era hija de un magnate de la prensa carioca. Cosmopolita e implicada en la vida cultural y política de su país, le abre de par en par las puertas de su impresionante hacienda Samambaia (helecho gigante) en Petrópolis, 70 kilómetros al norte de Río de Janeiro. Cuando se estrecha la relación entre ambas, Costallat, arquitecta y paisajista autodidacta, manda edificar expresamente un estudio para la poeta. Suspendido en el aire como un mirador de cristal, se alza de espaldas a la casa, ajeno al trajín doméstico y arrullado por las aguas de un riachuelo.


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Retrato de Lota Costallat, hija de un magnate de la prensa brasileña y pareja de Elisabeth Bishop durante 14 años; y parte de la casa en la que vivieron juntas. 
El escritor Michael Sledge reconstruye en Cuanto más te debo(Vaso Roto, 2016) la relación sentimental entre las dos mujeres. Una historia vivida con intensidad y con desenlace trágico: Lota murió por una sobredosis –no se sabe si accidental– en una visita a su ya examante en Nueva York, en 1967. Durante los 14 años de vida en común, la escritora crea piezas memorables en prosa en las que recupera, por ejemplo, los ecos de su difícil infancia en Nueva Escocia (Canadá) y Massachusetts; publica su segundo poemario, Una fría primavera, premio Pulitzer en 1956, y concibe un tercero, Cuestiones de viaje (1965), en el que lanza esta pregunta: “¿Es falta de imaginación lo que nos obliga a venir / a lugares imaginados, en vez de quedarnos en casa?”. La paisajista carioca, por su parte, trabaja, infatigable, durante los últimos años de su relación, para dar a su ciudad el imponente Parque del Flamenco: un proyecto agotador que se cobrará un alto precio personal.

Todo lo que Costallat tiene de expansiva y segura lo tiene Bishop de tímida e introspectiva, pero en la combinación de esos polos opuestos surge un vínculo que transformará la vida y la obra de ambas. Para Bishop supuso echar raíces por primera vez en un lugar y permitirse ser merecedora del amor de alguien: “A veces parece que solo las personas inteligentes son lo suficientemente estúpidas para enamorarse y que solo las estúpidas son lo suficientemente inteligentes para dejarse amar”, escribió en un cuaderno. Cuando sus caminos se cruzan ­definitivamente, Bishop ya había publicado un primer poemario, Norte y sur. Sledge apunta que su “escritura era una labor tan rigurosa que llevar un poema a un punto aceptable podía llevarle años”.


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Imagen tomada en Brasil, donde vivió 15 años y dibujo de la casa de la hacienda Samambaia, en Petrópolis, obra de Sérgio Bernardes, donde vivió con Costallat. 
Más que crear un mundo, como hacen muchos poetas, Bishop describe con sobriedad el que ve, sin ceder nunca al sentimentalismo, que detestaba, y parece animar sosegadamente al lector a observarlo más de cerca. La suya es una poesía de la percepción en la que las palabras transmiten una verdad transitoria, nunca absoluta, sin explayarse en confesiones ni verter sentencias categóricas. En su obra confluyen extrañamente lo impersonal con lo íntimo. Bishop rehuía las etiquetas, cualesquiera que fueran: mujer, lesbiana, modernista o norteamericana. Su docena de relatos y sus cuatro poemarios, uno por década desde que debutara, dan buena cuenta de la exigencia con la que afrontaba cada composición.


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La poeta, a la izquierda, con el arquitecto Harold Leeds, el director Wheaton Galentine y Lota Costallat. 
Megan Marshall, su biógrafa, cree que la popularidad de la escritora no dejará de crecer y menciona, entre otros ejemplos, la reciente obra de teatro de Sarah Ruhl, Dear Elizabeth, que condensa 800 páginas de relación epistolar entre Bishop y el también poeta Robert Lowell. En uno de sus mejores poemas, Bishop nos recuerda algo tan simple, a la vez que esencial, como que vivir es aprender a conjugar el verbo perder: “Pierde algo cada día. Acepta el sobresalto / de las llaves perdidas, de la hora malgastada. / No es difícil dominar el arte de perder”.


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FEB 5 1979, FEB 10 1979, FEB 14 1979; Elizabeth Bishop, left and Rosemary Manell point over grapefru
Anotaciones que reflejan el rigor con el que Bishop se enfrentaba a sus escritos; y la autora junto a la cocinera y escritora culinaria Rosemary Manell. 
Marshall subraya que Bishop “nos muestra que la pérdida es una experiencia universal, y al escribir tan bien sobre este tema consigue crear, paradójicamente, algo que perdura”. Añade que la poeta era amante del español, lengua que aprendió de adulta y a la cual se sentía unida “desde que pasó varios meses, durante la II Guerra ­Mundial, en México, donde conoció a Pablo Neruda, y que fue entonces cuando debió de saber de la existencia del poeta Miguel Hernández, cuya Elegía intentó traducir en 1970, y que sin duda influyó en la composición de su inmortal Un arte, su elegía”.

sábado, 8 de abril de 2017

El pudor que ha de tener cualquier obra de arte para perdurar, Manolo


Manuel Hugué
De todos modos, hubo cosas más persistentes que otras, como por ejemplo la larguísima polémica entre clásicos y románticos. En es punto veo las cosas exactamente como Moréas. Él decía que la discusión era una sandez. Es exacto. En arte, el problema de los estilos es secundario. Está lo bueno y lo malo, y basta. Delacroix puede tomarse como modelo de pintor romántico, no sólo por los temas que trata, sino por su esprit y la manera como los resuelve. Pues bien, nadie puede decir lo contrario: es un gran pintor. Baudelaire es un poeta romántico, pero ¿quién negará que es un gran poeta?
- ¿Entonces no ves la diferencia apreciable entre Racine y Baudelaire?
- En lo general no. Lo que ocurre es esto: Racine y en general los antiguos, eran más sinceros, más sencillos, menos retóricos que los modernos. Yo, que siempre he vivido fuera de la ley, he tenido gran respeto por su grandeza, y por ley entiendo la media humana, lo que la vida conlleva, la pasta del mundo. La gente debe pasar inexorablemente por la ley, y por esta razón, porque es la ley misma, creo que el mayor escritor de todos los tiempos, de todas las tendencias, es La Fontaine. Se puede hacer la vista gorda ante un hombre que por exceso de genio sobrepasa la ley. Pero esto es intolerable si es consecuencia de una vulgar pose de excepcionalidad. Ahora bien: en la literatura moderna hay demasiada megalomanía, demasiado yo, yo, yo, exceso de desgracia y de dolor, y sobre todo, exceso de desgracia fingida, puramente verbal. Pues en la literatura moderna es imposible deslindar la farsa del dolor. Los poetas de nuestros días han pasado por alto el problema del pudor que ha de tener cualquier obra de arte para perdurar. En la tragedia griega, lo trágico es objetivo y proviene de las situaciones de la realidad. Así es natural y justo que lo trágico llegue al paroxismo. En la literatura moderna, al contrario, lo trágico es subjetivo y todos se creen obligados a contarnos su tremendo drama. Sin embargo, yo creo que la vida no es tan triste como dicen y en este punto me considero un testigo de primer orden. En cualquier caso la gente hace mucho teatro y, si no lo hace, el ambiente general ayuda a que pueda hacerse con absoluta impunidad, y eso me tiene muy escamado. Para resumir: todos tratan de explicar a los demás lo extraordinarios que son. Incluso Moréas, que fue tan amigo mío, me resulta a veces exagerado.
Les morts m'écoutent seuls, j'habite les tombeaux,
je serai, jusqu'au bout l'ennemi de moi-même
ma gloire est aux ingrats, mon grain est aux corbeaux,
sans récolter jamais, je laboure et je sème... *
Es grande, enorme. Pero, ¡no sé!, me parece excesivo. Y ésas son las diferencias que veo entre clásicos y románticos. Ahora bien: si el poeta de hoy sale discreto e intenso de verdad, entonces es como un antiguo. No hay ningún tipo de diferencia.
Los muertos , tan sólo, me escuchan, vivo entre tumbas / seré hasta el fin el enemigo de mí mismo / mi gloria es para los ingratos, mi grano para los cuervos, / sin cosechar jamás, labro y siembro
Josep Pla y Manuel Martínez y Hugué, conocido por Manolo
Vida de Manol

martes, 21 de marzo de 2017

Fray Luis de León: Vida retirada_Oda I




¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruido
que del oro y del cetro pone olvido.

Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insaciable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

libros para saber más y textos que me gustan: Artículo de Ramón Irigoyen publicado en “Diario de...

libros para saber más y textos que me gustan: Artículo de Ramón Irigoyen publicado en “Diario de...: Los traductores contra los ladrones Realizado por  admin  el 3/21/17 Categoria  Blog/Noticias Se ha presentado en la Biblioteca Nac...

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en “Diario de Navarra”. Lunes, 21 de marzo de 2017

Los traductores contra los ladrones


Se ha presentado en la Biblioteca Nacional de España  el Libro Blanco de los derechos de autor de las traducciones de libros en el ámbito digital. Ha editado este Libro Blanco, publicado con una ayuda del ministerio de Educación, Cultura y Deporte y del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO),  la sección autónoma de Traductores de la Asociación Colegial de Escritores (ACE TT).  Presentaron el libro  con brillantes discursos Fernando Benzo, secretario de Estado de Cultura, Carlos Fortea, presidente de ACE TT y profesor de la Universidad de Salamanca, y Ana María Bejarano, profesora titular de hebreo y arameo de la Universidad de Barcelona  y  ganadora del Premio Nacional de Traducción 2016.
La eclosión de internet que nos ha cambiado el mundo ha propiciado una difusión electrónica de proporciones descomunales cuya legislación está en mantillas. Amparándose bajo el volátil concepto de ‘edición digital’, prestigiosas editoriales con larga y noble trayectoria y jóvenes emprendedores muy dotados para detectar un nuevo modelo de negocio, recitando con alegría de jilgueros  la  “Canción del pirata” de Espronceda,  han añadido, en el mejor de los casos, una leve clausulilla de permiso de ‘edición digital’ al contrato de los traductores. Esta cláusula de permiso de ‘edición digital’ otorga a la editorial la bendición  para no tener que redactar un nuevo contrato con el traductor y así librarse de tener que abonar los derechos de autor  que se estipularían en un segundo contrato. Como sentencia el Libro Blanco, si no hay dos contratos, la editorial se ahorra el abono de remuneraciones separadas para lo que es, en efecto, una forma separada de explotación del producto.  Y así es: un producto es un libro comercializado en formato papel y otro nuevo producto distinto es un libro difundido en red y vendido mediante una descarga electrónica.
¿Son de ética escrupulosa los editores o, como los pajarillos del campo, roban de cualquier árbol que se les cruza en el  camino sin tener acreditada en el registro la propiedad de los manzanos picoteados? Y, ya que nos asomamos a la ética, ¿qué es un ladrón? La pregunta es pertinente porque, si hay no poca gente que no sabe lo que es un asesino y, en su ignorancia del léxico, incluso lo confunde con un héroe y puede incluso llegar a asistir a su condecoración pública, consultemos, pues,  el  Diccionario de la Real Academia.  Un ladrón  es una persona que hurta o roba. Y la diferencia entre ‘hurto’ y ‘robo’ es,  a la hora de llevarse  lo ajeno, según la Academia, la no utilización de la violencia o de la fuerza  – en el caso del ‘hurto’ – o de su utilización en el caso del ‘robo’.
Este Libro Blanco, que es una segunda parte del Libro Blanco de la traducción editorial en España publicado en 2010, pone nombre y números al estado real de los contratos y de las relaciones de los traductores con las editoriales.  Con este estudio ejemplarmente realizado, la ponderada interpretación de los resultados y su análisis jurídico,  ACE Traductores presenta irrebatibles argumentos a favor de una regulación específica de los derechos de autor explotados comercialmente en formato digital. Esta imprescindible regulación orienta   a la industria editorial, al tiempo que ofrece  la legítima protección que los autores y traductores se merecen por sus espléndidos servicios a la sociedad.
Unos artículos magníficos de José María Lasalle, Carme Riera, Antonio María Ávila, Manuel Rico, presidente de la Asociación Colegial de Escritores, Fernando Carbajo y Mario Sepúlveda nos ponen en ebullición el cerebro y, con esta estimulación, como nos enseña el gran Ramón y Cajal,  esculpimos nuestro cerebro .
En la presentación del Libro Blanco me acordé de Los ladrones somos gente honrada, una película magnífica basada en la obra teatral homónima de Jardiel Poncela, que me hizo reír muchísimo en mi infancia. Y al hilo de aquellas carcajadas infantiles en una época de terror en la que, por cierto,  estaba proscrita la risa,  la pregunta es inevitable: ¿cuánta gente honrada se descarga ilegalmente libros, discos, películas sin el más leve remordimiento de conciencia por sus hurtos? Como ha habido asesinos de ETA que eran padres ejemplares para sus vecinos, hay miles de ciudadanos honrados que les roban a los autores y a los traductores – y los traductores son autores de traducciones – y el inmenso perjuicio  que les causan jamás cruza por su cerebro. ¿No piensan estos ladrones que, sin los traductores, estaríamos huérfanos de cientos de culturas del mundo?

sábado, 18 de marzo de 2017

La escritura como un reloj que avanza, Enrique Vila-Matas






La froide lumiere des Syrtes
"La escritura como un reloj que avanza"
Enrique Vila-Matas , Perder teorías
¿Y qué decir de la tenebrosa intuición de futuro, extrañamente agazapada a lo largo de la luz fría de Sirtes? A Gracq siempre le fascinó una escena muy secundaria de Macbeth, cuando Duncan avista el castillo donde va a ser asesinado. ¿Por qué este pasaje? Dice Gracq: "Porque presiente".
¿Y qué decir de la morosa espera que cruza la trama de El mar de las Sirtes y nos acerca al presentimiento terrorífico del estéril porvenir que a Occidente le espera? La novela es, de hecho, una sorprendente aproximación a lo que nos está sucediendo ahora. Es la narración de una decadencia brutal y de una angustia. Es literatura de percepción, no profética. A lo largo de El mar de las Sirtes el lector se cruzará con una sucesión de iluminaciones de estirpe rimbaudiana. Gracq muestra una especial sabiduría de percepción del futuro, como si supiera que un aspecto muy seductor de la literatura estriba en ser como un espejo que se adelanta: un espejo que, como algunos relojes, tiene la capacidad de avanzarse. Kafka fue un buen ejemplo de esto porque presintió, percibió hacia dónde evolucionaría la distancia entre Estado e individuo, máquina de poder e individuo, singularidad y colectividad, masa y ser ciudadano. El libro de Gracq no sólo se sitúa en esta corriente de escritores con espejos que se adelantan, sino que parece conocer el centro de nuestro problema actual: la situación de absoluta imposibilidad, de impotencia del individuo frente a la máquina devastadora del poder, del sistema político.* Ése precisamente es el paisaje moral y literario que hace más de medio siglo prefigurara El mar de las Sirtes, donde el género novelístico es abordado como género supremo de la utopía y como instrumento idóneo para enseñorearse nuevamente de la irrealidad en una época en la que la realidad debería perder sentido.
Toda esa atmósfera gracquiana alcanza su cumbre máxima cuando, en el famoso séptimo capítulo, vemos aparecer, fantasmagórico, al volcán Tängri, una montaña emergida del mar, un cono blanco y nevado flotando como una madrugada lunar sobre un tenue velo morado que parece despegarlo del horizonte. Ahí está plenamente el gran Gracq, ahí le tenemos señalando pautas y alineado con la mejor narrativa actual. A veces, sus palabras sobre el volcán, esa iluminación tan rimbaudiana, me evocan la calma y dignidad del propio Gracq y su papel de faro y de imaginario jefe de la renovación de las tendencias narrativas: "Ahí estaba, allí le teníamos. Su fría luz irradiaba como un manantial de silencio, maestro en la noche desierta".
Enrique Vila-Matas
Julien Gracq y la percepción de futuro
El País, 5 de enero de 2008
*Ce qui explique qu'il ait tant aimé un autre livre au fort accent perceptif, Bouvard et Pécuchet, où il y a déjà un splendide diagnostic sur la façon dont la bêtise avancerait inexorablement dans le monde occidental. (La froide lumière des Syrtes. Le magazine littéraire. Juin 2007)
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Una noche, en un sueño, Kafka tuvo la visión de la "compañía del baño de sol" que "se destruía en una riña". Se habían formado dos grupos que gritaban "¡Lustron y Kastron!", como en las visiones del presidente Schreber. De la afabilidad ecológica a la masacre la distancia era mínima. A pesar de que insistía, escribiendo a Brod, que en el Jungborn se encontraba "realmente muy bien", Kafka lo sabía. El escritor se deja reconocer porque lo que escribe va siempre un poco más allá de lo que piensa. Sus descripciones de la vida en el Jungborn emanan un sutil horror mezclado con una desesperante comicidad. Eran los años fatales del descubrimiento del cuerpo, también en el sentido de exposición de la epidermis a los elementos atmosféricos. Supervisaban las operaciones, así como todo lo demás, Bouvard y Pécuchet. "Como una bestia salvaje, un viejo repentinamente se precipita al prado y toma un baño de lluvia".
Roberto Calasso
Kafka entre los naturistas
La locura que viene de las ninfas
Foto: Julien Gracq, le dernier des classiques
Le magazine littéraireJunio de 2007